En “Nochebuena”, la voz literaria recuerda una Nochebuena de su infancia en la montaña gallega, cuando vivía castigado en la rectoral del arcipreste de Céltigos por no aprender una conjugación latina. Tras pasar la tarde triste y resignado, el arcipreste lo lleva a la iglesia y luego regresan a casa, donde se prepara la cena. La velada se anima con la llegada de unos mozos que cantan villancicos populares, llenos de alegría y picardía. Sin embargo, una copla final ofensiva provoca el enfado del arcipreste y de su sobrina, y el castigo se reanuda: el niño debe volver a estudiar latín, frustrando cualquier ilusión festiva. Así concluye su amarga Nochebuena.
El cuento combina nostalgia autobiográfica, costumbrismo rural y crítica irónica. Valle-Inclán contrapone la alegría popular de la tradición navideña con la rigidez clerical y educativa, mostrando una infancia marcada por la disciplina y la represión. El lenguaje evocador y el ambiente gallego dan lirismo al relato, mientras el final subraya con ironía cómo la autoridad apaga la espontaneidad y la celebración.