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lunes, 21 de diciembre de 2015

Paseo literario por la Sevilla del Romanticismo



El pasado martes día 15 de diciembre los alumnos de 4º ESO del IES Pablo Neruda de Castilleja de la Cuesta, acompañados por Rafa Olmo y Manuel López, realizaron un paseo literario por la Sevilla del Romanticismo con textos de Bécquer y de Don Juan Tenorio de José Zorrilla.
Empezamos el recorrido por la casa en la que vivió Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber), nos dirigimos al lugar en el que se encontraba la casa natal de Bécquer en la calle conde de Barajas. El plato fuerte de la excursión era la visita al convento de santa Inés, en cuya iglesia, descubrimos la leyenda de los amores de don Pedro I por doña María Coronel. Su cuerpo incorrupto se encuentra en una urna en la sacristía de la iglesia. Asimismo leímos fragmentos de la leyenda de Maese Pérez el organista, localizada en santa Inés por el poeta.
Un receso de media hora en las setas de La Encarnación para tomar el desayuno nos ayudó a reponer fuerzas y continuar el paseo, que a continuación nos condujo a la plaza de los Venerables, en donde se halla la Hostería del Laurel, lugar en el que Zorrilla ubica el encuentro de don Juan con don Luis Mejía para ver el resultado de la apuesta que hicieron un año atrás. Leímos los textos de la apuesta.
La visita a la plaza de los Refinadores es obligada en un paseo de este tipo. La estatua de don Juan Tenorio fue testigo mudo de la lectura de algunos pasajes de la obra y de la fotografía del grupo completo.
Ya solo nos quedaba la glorieta de Bécquer en el parque de María Luisa, el momento lírico del paseo para recordar las palabras del poeta sevillano en algunas de sus rimas más renombradas.
Los profesores estamos satisfechos con la experiencia y creemos que también los alumnos han disfrutado de esta experiencia que sirve para acercar los textos literarios a los jóvenes, a los que suponemos tan alejados de la palabra literaria y tan cercanos a las Nuevas Tecnologías.

Puedes descargar los textos del paseo literario aquí.


viernes, 11 de marzo de 2011

El paseo literario, un buen atajo para llegar a la letra escrita: el Moguer de Juan Ramón Jiménez

El pasado 17 de febrero acompañamos a los estudiantes de 4º ESO a visitar la casa museo de Juan Ramón en Moguer, en la que pasó sus primeros años. Siete años ha pasado cerrada por trabajos de restauración. La casa de la calle Nueva, enfrente de la casa de don José el dulcero de Sevilla, data del siglo XVIII, y fue restaurada por la familia Jiménez en 1.885. Su creación como Casa-Museo se remonta al año de la concesión del Premio Nobel al poeta moguereño, y se llevó a efecto por acuerdo unánime del Ayuntamiento de Moguer y la Diputación Provincial de Huelva , previo consentimiento del matrimonio Jiménez, que colaboró en su constitución, donando gustosamente toda su biblioteca, así como los muebles y demás enseres del piso de la calle Padilla nº 38, de Madrid, depositados en el Museo Romántico al salir el matrimonio Jiménez para el exilio forzoso. Abrió sus puertas al público días después de la muerte del poeta. Actualmente su conservación depende de la Fundación Juan Ramón Jiménez.
Un refrigerio en la Plaza de las Monjas, a las puertas del convento de Santa Clara, y presidida por un monumento a Colón, nos sirvió como primera parada. La casa natal, situada en el barrio de la Ribera, fue el destino de los pasos de nuestros estudiantes para ver los arcos neomudéjares que presiden el balcón, desde el cual escucharían los oídos del niño Juan Ramón los pregones de Arreburra el aguador, que vivía en la caseta de enfrente.
Siguiente etapa, el castillo, ahora sede de la oficina de Información Turística.
El monumento a Juan Ramón en la Plaza del Cabildo sirvió de escenario para la lectura de algunos poemas; de ahí, a la Plaza de la Iglesia, desde donde se puede contemplar la torre que cuando se veía de cerca parecía una Giralda vista de lejos. La pastelería de la Victoria ayudó a los jóvenes a recuperar su nivel de glucosa.
El paseo terminó en el cementerio de Moguer para visitar la tumba que contiene los restos del escritor y de Zenobia Camprubí.




Textos:


Se acaba de publicar Arte menor, uno de los proyectos Juan Ramón que no vieron la luz en forma de libro. Ahora lo hace con 42 textos inéditos de la mano de José Antonio Expósito Hernández en Ediciones Linteo.

lunes, 17 de mayo de 2010

Un paseo por el Riotinto minero

Este fin de semana hemos cabalgado a lomos de nuestras monturas para llegar a la cuenca minera de Riotinto. La realidad es que hace tiempo que era un proyecto familiar, pero, como casi siempre, debido a la cercanía, uno va posponiendo siempre para mejor ocasión.
La Asociación Andaluza de Profesores de Español “Elio Antonio de Nebrija” ha organizado un paseo con textos de Juan Cobos Wilkins, José Mª Morón y Concha Espina.


Comenzamos a las once de la mañana con la visita del Museo Minero, montado en el edificio del que fue Hospital construido por los ingleses en los años veinte. Se trata de un paseo, a través de las diferentes salas, por los 5000 años de historia de la minería en Riotinto. Hasta se puede entrar por los pasadizos de una mina reproducida a tamaño real.

Es muy interesante contemplar que los ingleses llevaron a Huelva su cultura, sus costumbres, sus formas de vida, sus formas de ocio y sus adelantos, que dejaban a los parroquianos en aquel entonces con la boca abierta de asombro, sobre todo si veían que las mujeres hasta jugaban al tenis, cuando por estos lares solo cabía malvivir, malparir, malcomer y despiojarse.
Los ingleses, con sus sólidas convicciones imperialistas victorianas, no se conformaron con adquirir los terrenos para sus explotaciones mineras, no; el contrato, firmado con nuestros “hábiles” gobernantes de entonces (¡qué poco hemos cambiado!), incluía el suelo y el subsuelo. Por tanto, se trataba de una colonización en toda regla. No había posibilidad alguna de que las circunstancias obligaran a expropiación de ningún tipo.
Por eso, sus prospecciones podían obligar a que el pueblo en su conjunto fuera siendo reconstruido en diferentes emplazamientos, según fuera conviniendo.
Hacían y deshacían a su antojo. Para muestra, un botón. La famosa “manta”. La extracción del mineral a veces se producía en plena calle. Para obtener el mineral buscado se colocaban montones sobre hogueras. Eso liberaba al aire todo tipo de materias volátiles tóxicas y se creaba una atmósfera ciertamente irrespirable. Es fácil suponer que la esperanza de vida de la población autóctona era extremadamente baja. Esos días ni los obreros podían salir de casa para trabajar en la mina. Y cobraban la mitad del salario. La Compañía además los consideraba borrachines y les retenía el 80 % del dinero; les daban vales para comprar comida, vales canjeables solo por productos de su propio economato… El negocio era redondo. Nuestra guía Raquel era todo un pozo de sabiduría, amabilidad y buen talante.
Se puede ver en el museo el tren (servicio para hombre y para mujer, agua fría y caliente, cuando nadie en el pueblo tenía ni agua corriente) construido con madera para una visita frustrada a la India de la reina Victoria, y que fue comprado por la Compañía para otra visita a Riotinto del rey Alfonso XIII, que tampoco pudo llevarse a cabo.



Los paseantes nos dirigimos luego al barrio de Bella Vista, el barrio exclusivo construido por los directivos de la Compañía. El número 21 nos muestra una vivienda con tres niveles, porche y jardín, mientras que los trabajadores vivían hacinados en casuchas de pocos metros cuadrados.

Tenían su Club Social, también exclusivo. Como puede verse en Memorias de África, las mujeres no tenían acceso a él (“En la Manoli no pueden entrar las mujeres”, decían los lugareños). Es que el rótulo “Men only” era demasiado complicado para un parroquiano del Riotinto de principios del XX.


Sorprenden las comodidades de una familia burguesa muy acomodada en la España miserable de esos años, solo envidiada por los centroeuropeos por su envidiable clima.




Raquel nos acompañó en la visita a la mina, ya cerrada, de Peña del Hierro, en la que nos contó la razón por la que las aguas del río tenían ese color tan característico. Hemos aprendido que los estudios llevados a cabo por investigadores de una universidad madrileña han revelado la existencia de más de mil especies de microorganismos. Es impresionante el lago de aguas rojizas que se ha formado al detenerse la actividad minera. Y cómo la vida quiere aferrarse a la existencia en esas duras condiciones.




El refrigerio en el restaurante La Fábrica ya se hacía imprescindible. Por la tarde, a las cuatro y media, el tren minero nos esperaba con puntualidad británica.



Así es, un tren de la época nos llevó siguiendo el curso del río por el camino de hierro que seguía el mineral para ser embarcado en los muelles de Huelva.

Una parada, un acercamiento al río colorado, un pequeño descanso; y vuelta a los vagones para deshacer el camino recorrido.



En definitiva, una visita muy recomendable, bien montada y de gran interés que nos deja en la retinas imágenes de otros mundos, como está intentando demostrar la mismísima NASA.