miércoles, 23 de septiembre de 2015

La ortografía de la calle III

III edición de La ortografía de la calle. Los reporteros gráficos de 4º ESO se convierten en detectives de los errores ortográficos en las calles de su pueblo y de los pueblos vecinos.

José Diego Chaves

 
Alonso Cano
Noelia Martínez
Miriam Roque
Delia Cadena
Rocío Mas
Alejandro Martínez

 

lunes, 13 de julio de 2015

Victoriano Crémer: Canción para dormir a un niño pobre

Victoriano Crémer nace en Burgos el 18 de diciembre de 1906. Hijo de un trabajador de la Compañía de Ferrocarriles del Norte de España. Desde muy pequeño tiene que simultanear los estudios con pequeños trabajos como vendedor de periódicos o labores en el campo. Se traslada con su familia a León, donde tras completar sus estudios comienza a trabajar de mancebo de botica y de tipógrafo. Apoyó el movimiento anarco-sindicalista y estuvo encarcelado en la época de la guerra civil. Fue redactor de El Correo Español-El Pueblo Vasco, de Bilbao, Las Provincias, de Valencia, Diario de León, Informaciones, de Madrid y de El Norte de Castilla, de Valladolid. Obtuvo en 1951, el Premio Boscán de Poesía, concedido en Barcelona, por su obra Nuevos cantos de vida y esperanza y ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1962; el Premio de Poesía Castellana Ciudad de Barcelona en 1971, con el Premio Castilla y León de las Letras en 1994, con la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo en 2007, el Premio Gil de Biedma en 2008 por su poemario El último jinete y con la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes en 2009. Victoriano Crémer falleció en León el 27 de junio de 2009, a los 102 años.
Entre su obra poética podemos mencionar: Tendiendo el vuelo (1928), Tacto sonoro (1944), Caminos de mi sangre (1947), Las horas perdidas (1949), Furia y paloma (1956), El amor y la sangre y Los cercos (1976). Ha escrito también las novelas Libro de Caín (1958) e Historias de Chu-ma-Chuco (1970), en las que se ocupa de temas sociales. Crémer escribió una poesía impura y humanizada, que conectaba con la línea de Pablo Neruda de los años 30 y aludió a los problemas obreros, tropezando en ocasiones con la censura de su época.   
Es uno de los mejores representantes de la llamada poesía desarraigada de posguerra y canalizó los intereses de toda una generación de poetas que encontraron en ella salida a su expresión. Crémer incluyó en su obra una serie de intereses que van desde las preocupaciones existencialistas a la denuncia de la injusticia social y la degeneración de los valores en la sociedad contemporánea.

En esa línea de denuncia social se inscribe este poema, que cuenta el diáologo entre un niño pobre y su madre. Aquél le pide comida a esta, y su madre, que no tiene nada que darle, se pierde en ensoñaciones para que su hijo trate de olvidarse de que tiene hambre.

Ángeles con espadas
custodian el aire.
Un toro de sombra
mugiendo en los árboles.

—Madre, tengo miedo
del aire.

Mira las estrellas.
Aún no son de nadie;
ni son del Obispo
ni son del Alcalde.

—Madre, quiero una
que hable.

Patitas de cabra
siguen vacilantes
al osito blanco
de la luna errante.

—Madre, quiero un oso
que baile.

Pandero de harina:
luna en el estanque.
Las cinco cabrillas
sin cesar, tocándole.

—Madre, se me hielan
las carnes.

Floridas de escarcha
ya son como panes.
La aurora las dora
y acorteza el aire.

—Madre, no te oigo.
¡Tengo hambre!

¡Uuuuuuuh...! Duerme, mi niño;
que viene el aire
y se lleva a los niños
que tienen hambre.

domingo, 28 de junio de 2015

Jua José Arreola: Teoría de Dulcinea

En conmemoración del cuarto centenario de la publicación de la 2ª parte del Quijote, traigo hoy este relato del escritor mexicano Juan José Arreola, que hace una reinterpretación de las figuras de don Quijote y de Dulcinea, a la que saca de la imaginación cervantina para convertirla en persona de carne y hueso.



En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta. Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de hazañas, embustes y despropósitos. 
En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol. 
 El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. 
Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca. Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.

domingo, 14 de junio de 2015

José Antonio Ramírez Lozano: Catalina la de Merlo




Bonita iniciativa la que se viene desarrollando desde hace diecisiete años en Trigueros con un certamen intenacional de narraciones breves. La idea partió de un profesor de Educación Física del IES Dolmen de Soto, Luis Domingo Delgado, apasionado por la lectura y por la literatura. Lo propuso al director, que lo apoyó sin dudarlo. De ahí al ayuntamiento. Había que intentarlo. Pero todo concurso debe contar con un premio y con alguien que lo patrocine. El alcalde de entonces, Domingo Prieto, apoyó la idea e incluso sugirió el nombre del certamen, Fernando Belmonte, un humanista triguereño, abogado y diputado republicano. El ayuntamiento se hace cargo del pago del primer premio.
Después llegaron las colaboraciones de la Diputación Provincial, la Fundación Cajasol, empresas locales, la Delegación Provincial de Educación y La Caixa.
Y cada año por estas fechas se celebra una fiesta de la palabra para reconocer la obra de los premiados que se ameniza con actuaciones musicales, recitales poéticos, representaciones teatrales, etc.
Este año durante la entrega de premios ha intervenido el trío de capilla Gólgota interpretando piezas de Mozart y Gabriel's de Ennio Morricone, una delicia para los oídos. La segunda parte estuvo dedicada a saborear la palabra de la mano de La Caravana del verso, un recital poético magnífico conducido por la voz profunda y serena de Joaquín de la Buelga, que nos regaló la palabra bien dicha de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Alberti, Julio Llamazares, Félix Grande,...
Fue el momento de comprender que la litertaura es eso, el oficio personal de un autor que llega a trascender y se universaliza, cuando produce la respuesta emocional en las gentes de otros sitios y de otros momentos.
Eso fue lo que pasó el viernes 12 de junio. Aunque el relato que os traigo en esta entrada es el que ganó en la edición del año pasado. El autor es José A. Ramírez Lozano, profesor de Lengua y Literatura en Secundaria y compañero de departamento del que esto escribe en el IES Mateo Alemán hace ya algunos lustros.
Se trata de un relato que habla de la incomunicación en la sociedad actual. Una incomunicación que lleva a la protagonista a buscar una palabra de amor, aunque para ello tenga que llegar a la impostura.
Pueden leerlo aquí.