lunes, 6 de abril de 2026

Rubén Darío: El perro del ciego

El narrador cuenta la historia de Paco, un niño cruel que maltrata tanto a sus compañeros como a los animales. En contraste, aparece un ciego mendigo acompañado de su perro León, un animal noble y cariñoso que le sirve de guía y compañía. Los niños del colegio sienten afecto por el perro y ayudan al anciano.
Sin embargo, Paco comete una acción extremadamente cruel: envenena al perro con vidrio molido escondido en comida, provocándole la muerte. El ciego queda devastado, incapaz de reemplazar a su fiel compañero. Poco después, como castigo, Paco enferma gravemente de viruelas y muere. El relato concluye con una enseñanza explícita: los niños deben ser buenos, compasivos y respetuosos, especialmente con los más débiles.
Este cuento destaca por su carácter didáctico y moralizante, propio de cierta literatura infantil del siglo XIX: la historia presenta una división muy clara entre el bien (el ciego, el perro, los niños compasivos) y el mal (Paco). No hay ambigüedad: el niño cruel recibe un castigo ejemplar, casi divino. La muerte de Paco funciona como una especie de castigo moral impuesto por Dios, lo que refuerza una visión religiosa del orden del mundo: el mal no queda impune.
El cuento insiste en valores como la empatía, la caridad y el respeto hacia los vulnerables (animales, pobres, discapacitados).
Aunque dirigido a niños, el relato incluye escenas duras (maltrato animal, sufrimiento, enfermedad y muerte), lo que intensifica el impacto emocional y refuerza la lección moral.
El narrador se dirige directamente a los lectores (“niños”), guiando su interpretación y dejando poco espacio para una lectura libre o crítica.
“El perro del ciego” es eficaz como relato moral, pero desde una perspectiva actual puede resultar excesivamente moralizante y rígido. La justicia que propone —basada en el castigo extremo— puede parecer desproporcionada, aunque cumple su función pedagógica dentro del contexto de la época.
Aun así, el cuento logra transmitir con fuerza una idea central: la crueldad, especialmente hacia los seres indefensos, es profundamente condenable. La figura del perro León se convierte en símbolo de fidelidad y ternura, mientras que el ciego representa la vulnerabilidad humana.

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