lunes, 29 de junio de 2009

Prometer el oro y el moro


Llegó el verano, el calor intimida a las nubes, los días se hacen largos, las noches agradables para pasear y conversar…y se nos van acabando los bolígrafos, los borradores están gastados, los libros ya han perdido su olor característico. Mires por donde mires la gente esboza una sonrisa; es la alegría que nos regala el sol, este sol que se derrama en esta tierra de María Santísima como plomo fundido.
El verano promete...promete el oro y el moro. Por eso me gustaría explicaros el origen de esta expresión tan española.

Esta frase se utiliza para ponderar ciertas ofertas ilusorias y también el exagerado aprecio de lo que se espera o se posee.

Apunta José María Iribarren que quizá la expresión provenga de la de querer el oro y el moro, inspirada en un acontecimiento sucedido en Jerez el año 1426. Para reforzar esta hipótesis, el estudioso echa mano de un relato publicado por Javier Piñero en las páginas de Alrededor del mundo el 15 de marzo de 1900.

Dice el cuento de Piñero que un grupo de paladines jerezanos, sobriamente armados, vencieron a una partida de caballeros musulmanes, tomando presos a cuarenta de ellos. Entre los cautivos había dos personajes de postín, el alcalde de Ronda, Abdalá, y el sobrino de éste, Hamet. Pagando una elevada cantidad, el primero logró la libertad, pero no sucedió lo mismo con su joven pariente. Ni siquiera la intercesión del rey don Juan II convenció a los captores, deseosos de extraer un mayor beneficio de su hazaña.

Con cierta gracia, la esposa del caballero Fernández de Valdespino argumentó sus razones para no liberar a Hamet. A su entender, los grandes gastos invertidos en el mantenimiento del secuestrado precisaban un rescate superior a las cien piezas de oro.

Por otro lado, los hidalgos comprometidos en esta operación discutían sobre cómo distribuir la recompensa. Al fin, el monarca hizo que Hamet fuera llevado a su presencia. Ello, claro está, disgustó a los caballeros de nuestra historia, quienes acaso hicieron circular el rumor de que Juan II quería el oro y el moro.

Todo esto podría ser cierto, pero no es menos cierto que el modismo podría ser, tan sólo, una ingeniosa fórmula de repetición, al estilo de en ares y mares; a troche y moche; orondo y morondo; sin chistar ni mistar, o de la Ceca a la Meca.

Feliz descanso

Información tomada de

GUZMÁN URRERO PEÑA

2 comentarios:

Samuel C.M. dijo...

¡Muy buena historia Manolo!

La Criticona dijo...

Hola Manolo, mi nombre es Mª Eugenia, necesito ponerme en contacto contigo por el tema de las expresiones y los dichos populares, estoy haciendo un trabajo relacionado con esto y me gustaría que me facilitases un correo electrónico para contarte lo que necesito. Muchas gracias. Mi email es aireis1982@hotmail.com