Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Salinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Salinas. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de junio de 2010

Pedro Salinas: La rosa pura


En nuestra tradición literaria la rosa ha sido considerada, más que un objeto bello solamente, el símbolo de la perfección y de la pureza. Y se ha entendido como una metáfora del universo, de lo redondo. Son muy conocidos los dos versos de Juan Ramón que dicen: ¡No le toques ya más, /que así es la rosa!.
En este poema, Salinas no tocará esa rosa pura si no es lavándose previamente las manos durante toda una noche en los ríos del sueño; el estado de conciencia total puede ajar esa perfección, tan intangible como el amor de estos enamorados.



La rosa, la rosa pura.
Quiero mandarte la pura rosa.
La que no tiene símbolo ni signo.
La que no pese
porque recuerda un recuerdo.
La que no cante
porque se cogió con el gozo.
La que no tenga fecha,
fecha de hombre, fecha de número,
fecha de mundo,
la que sea su nacimiento puro,
sucediendo a su mismo capullo.
La que no diga: “Me quieres”, ni: “Te quiero”.
La que diga tan sólo: “Soy mis pétalos,
mi color, mi forma, soy la rosa pura. Tómame”.
La que no pida
que te la pongas en el pecho.
La que se contente con el encuentro
de su color y tus ojos,
de tu mirada, un instante.
Con el contacto
de su materia y tu vida: tu mano, un instante.
La que te deje vivir
sin rosas, si tú no quieres
tener la rosa en tu vida.

Me lavaré las manos
toda una noche entera en el agua
lenta y lustral de los ríos del sueño,
para cogerla de mañana antes
de que despierte la conciencia,
porque quiero cogerla con los dedos,
no quiero cogerla con un pensamiento.
Y si la cojo así y así te llega,
mis pies recordarán haber pisado
el paraíso, antes
del bien y el mal, de la mujer y el hombre.
Y yo seré una sombra,
y tú serás otra sombra,
sin otra realidad que la que crea
el ofrecernos una rosa pura.


Largo lamento

jueves, 3 de junio de 2010

Pedro Salinas: Qué gran víspera el mundo

La mujer amada es considerada aquí como el Dios creador, que tiene poder sobre todas las cosas: todo está a la espera de que ella mande dónde debe situarse para ser, para tener entidad. Hasta el poeta está esperando esa llamada, que salga de su boca el pronombre esperado, el tú.



¡Qué gran víspera el mundo!
No había nada hecho.
Ni materia, ni números,
ni astros, ni siglos,... nada.
El carbón no era negro
ni la rosa era tierna.
Nada era nada, aún.
¡Qué inocencia creer
que fue el pasado de otros
y en otro tiempo, ya
irrevocable, siempre!
No, el pasado era nuestro:
no tenía ni nombre.
Podíamos llamarlo
a nuestro gusto: estrella,
colibrí, teorema,
en vez de así, “pasado”;
quitarle su veneno.
Un gran viento soplaba
hacia nosotros minas,
continentes, motores.
¿Minas de qué? Vacías.
Estaban aguardando
nuestro primer deseo,
para ser en seguida
de cobre, de amapolas.
Las ciudades, los puertos
flotaban sobre el mundo,
sin sitio todavía:
esperaban que tú
les dijeses: “Aquí”,
para lanzar los barcos,
las máquinas, las fiestas.
Máquinas impacientes
de sin destino, aún;
porque harían la luz
si tú se lo mandabas,
o las noches de otoño
si las querías tú.
Los verbos, indecisos,
te miraban los ojos
como los perros fieles,
trémulos. Tu mandato
iba a marcarles ya
sus rumbos, sus acciones.
¿Subir? Se estremecía
su energía ignorante.
¿Sería ir hacia arriba
“subir”? ¿E ir hacia dónde
sería “descender”?
Con mensajes a antípodas,
a luceros, tu orden
iba a darles conciencia
súbita de su ser,
de volar o arrastrarse.
El gran mundo vacío,
sin empleo, delante
de ti estaba: su impulso
se lo darías tú.
Y junto a ti, vacante,
Por nacer, anheloso,
con los ojos cerrados,
Preparado ya el cuerpo
Para el dolor y el beso,
con la sangre en su sitio,
yo, esperando
-¡ay, si no me mirabas!-
a que tú me quisieses
y me dijeras: “Ya”.


martes, 1 de junio de 2010

Pedro Salinas: ayer te besé en los labios

El poeta trae al día de hoy en estos versos el recuerdo de un instante del día de ayer, el momento de un beso, que para él fue tan intenso que trasciende el momento mismo, porque va más allá de lo físico y corporal y se convierte en algo fuera ya del tiempo, en algo casi eterno.



Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
— ¿adónde se me ha escapado?—.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Pedro Salinas: Cuando tú me elegiste

La propuesta que hago hoy es otro poema de Pedro Salinas, en el que el poeta siente que existe sólo porque ella lo nombra. Él no sabe cuánto tiempo durará esto, pero cuando ella se vaya y desaparezca, él lo perderá todo, el nombre, las señas; por eso, no le importa sentir dolor, porque ese dolor le hace notar que pertenece al mundo de los vivos.





Cuando tú me elegiste

-el amor eligió-
salí del gran anónimo
de todos, de la nada.
Hasta entonces
nunca era yo más alto
que las sierras del mundo.
Nunca bajé más hondo
de las profundidades
máximas señaladas
en las cartas marinas.
Y mi alegría estaba
triste, como lo están
esos relojes chicos,
sin brazo en que ceñirse
y sin cuerda, parados.
Pero al decirme: “tú”
-a mí, sí, a mí, entre todos-,
más alto ya que estrellas
o corales estuve.
Y mi gozo
se echó a rodar, prendido
a tu ser, en tu pulso.
Posesión tú me dabas
de mí, al dárteme tú.
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo?
Sé que te volverás
atrás. Cuando te vayas
retornaré a ese sordo
mundo, sin diferencias,
del gramo, de la gota,
en el agua, en el peso.
Uno más seré yo
al tenerte de menos.
Y perderé mi nombre,
mi edad, mis señas, todo
perdido en mí, de mí.
Vuelto al osario inmenso
de los que no se han muerto
y ya no tienen nada
que morirse en la vida.
No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.



lunes, 24 de mayo de 2010

Pedro Salinas: Mira, vamos a salir

Os propongo la lectura de este poema, en el que el poeta invita a la amada a dejar de ser ellos dos para convertirse en otras cosas; le propone el juego de ser árboles, de ser olas, incluso transformarse en dos silencios. Incluso, dejar de existir. De tal manera que al volver a ser ellos, todo les va a resultar nuevo y disfrutarán mucho más de la experiencia de volver a estar juntos, de tocarse, de mirarse.



Mira, vamos a salir
de tanto ser tú y ser yo.
Deja tu cuerpo dormido,
deja mi cuerpo a tu lad
o,
déjalos.
Deja tu nombre y el mío,
deja lo que nos dolió
y vamos a descansar
de nosotros, con nosotros;
vamos a jugar a que éramos
los mismos, pero otros dos.
Ya sin el cuerpo ni el nombre
vamos a probarnos formas,
seres, a ver si vivimos
en otra cosa mejor.
Vamos a probarnos árboles;
dos árboles que aunque tengan
muy apartados los troncos,
se buscarán por arriba,
se encontrarán con sus hojas,
se tocarán con la flor.
Vamos a probarnos olas
que corren una tras otra,
separadas y jugando,
hasta que en la arena tibia
se les acaba el ser dos.
Y si aún te sobra materia
vamos más allá. Podemos
ser dos silencios, tan juntos
que nadie sienta que ese
silencio de alrededor,
es doble, porque dos voces
callándose, lo forjaron
para entenderse mejor.
Y si quieres más probemos
a ser luz,
tú una llama, yo otra llama,
tú una mitad, yo la otra
de esa luz, que para serlo
a los dos nos necesita
y nos contiene a los dos.
Y todavía podemos
huir más allá:
fingirnos que no existimos,
vivir
en un mundo prenatal
en donde estar juntos sea
un inmenso estar perdidos
uno en otro, indivisibles,
como en el mar y en el cielo, antes
que los separara Dios,
Y luego verás qué alegre
es el regreso a nosotros,
el encontrarme contigo,
conmigo, con el dolor,
con tu voz y con mi nombre.
Verás, verás, qué milagro
es mirarnos, es tocarnos,
verás qué revelación
es vernos, volver a vernos
en estos rostros fatales
donde el alma nos vivió.
Por jugar a que dejábamos
de amarnos, ¡qué verdadero
nos va a ser siempre el amor!
¡Qué pareja
nos va a nacer, tan alegre,
tan segura, de este adiós!

viernes, 14 de mayo de 2010

Pedro Salinas: ¡Qué alegría vivir sintiéndose vivido!

Pedro Salinas ha sido considerado el poeta del amor, pero del amor hacia una persona no presente físicamente, sino en ausencia. Como decía Neruda, todo lo que existe le recuerda a ella, todo es ella. Sus actos se llevan a cabo porque ella los conduce.



¡Que alegría, vivir

sintiéndose vivido!

Rendirse

A la gran certidumbre, oscuramente,

De que otro ser, fuera de mí, muy lejos,

Me está viviendo.



Que cuando los espejos, los espías

-azogues, almas cortas-, aseguran

que estoy aquí, yo inmóvil,

con los ojos cerrados y los labios,

negándome al amor

de la luz, de la flor y de los nombres,

la verdad trasvisible es que camino

sin mis pasos, con otros,

allá lejos, y allí

estoy besando flores, luces, hablo.

Que hay otro ser por el que miro el mundo

Porque me está queriendo con sus ojos.

Que hay otra voz con la que digo cosas

No sospechadas por mi gran silencio;

Y es que también me quiere con su voz.

La vida -¡Qué transporte yo!-, ignorancia

De lo que son mis actos, que ella hace,

En que ella vive, doble, suya y mía.

Y cuando ella me hable

De un cielo oscuro, de un paisaje blanco,

Recordaré

Estrellas que no vi, que ella miraba,

Y nieve que nevaba allá en su cielo.

Con la extraña delicia de acordarse

De haber tocado lo que no toqué

Sino con esas manos que no alcanzo

A coger con las mías, tan distantes.

Y todo enajenado podrá el cuerpo

Descansar, quieto, muerto ya. Morirse

En la alta confianza

De que este vivir mío no era sólo

Mi vivir: era el nuestro. Y que me vive

Otro ser por detrás de la no muerte

sábado, 30 de mayo de 2009

Pedro Salinas y Federico García Lorca

Para este curso he elegido a dos poetas de la Generación del 27 que representan las dos vertientes, la culta y la popular, la intelectual y la que está más apegada al pueblo. Se trata de Pedro Salinas y Federico García Lorca.


Salinas es considerado un poeta intelectual; busca lo esencial de las cosas, y eso nos puede hacer pensar en que es un poeta sencillo.

¡Qué alegría vivir sintiéndose vivido!
Ir a descargar
Cuando tú me elegiste
Ir a descargar
Ayer te besé en los labios
Ir a descargar
¡Qué gran víspera el mundo!
Ir a descargar
Tú vives siempre en tus actos
Ir a descargar
Carta a Katherine Witmore
Ir a descargar
Para vivir no quiero...
Ir a descargar
La rosa pura
Ir a descargar

Esta página explica los rasgos fundamentales de este poeta que fue profesor en la Universidad de Sevilla.
Lee aquí un comentario sobre el poema 35 bujías.
Comentario sobre un poema de Pedro Salinas titulado Santo de Palo.
Elementos futuristas en la poesía de Pedro Salinas, artículo de Antonio Barbagallo, publicado por el Centro Virtual Cervantes.
Poemas recitados de Pedro Salinas. Rafael Alberti recita un poema sobre los amigos de la Generación que se fueron.
Página dedicada a Federico G. Lorca elaborada por las hermanas Maldonado Prieto con el amparo de la Junta de Andalucía.
Obras completas del poeta.
Comentario del poema La caracola, de Federico G. Lorca.
Comentario de Carlos Bousoño sobre el Romance sonámbulo. Puedes leer aquí un comentario lingüístico del mismo.
Romance de la luna, luna cantado por Ana Belén: