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miércoles, 10 de mayo de 2017

El cuaderno que descubre el amor entre Rubén Darío y Francisca

A Francisca

Ajena al dolo y al sentir artero,
Llena de la ilusión que da la fe,
Lazarillo de Dios en mi sendero,
Francisca Sánchez, acompaña-mé…..
En mi pensar de duelo y de martirio
Casi inconsciente me pusiste miel.
Multiplicaste pétalos de lirio
Y refrescaste la hoja de laurel.
Ser cuidadosa del dolor supiste
Y elevarte al amor sin comprender.
Enciendes luz en las horas del triste,
Pones pasión donde no puede haber.
Seguramente Dios te ha conducido
Para regar el árbol de mi fe.
!Hacia la fuente de noche y de olvido,
Francisca Sánchez, acompaña-mé….!
(21 de febrero de 1914)
El 6 de febrero de 1916 murió Rubén Darío en León de Nicaragua.  Lejos, en España, sola con su hijo, quedó Francisca Sánchez, su último y grande amor.
Esta es la historia:
La Sierra de Gredos, alta y fría, divide las provincias de Ávila y Toledo, en el corazón de Castilla la Vieja. Entre Teresa de Jesús y El Greco se recoge en el puño de los montes una pequeña aldea: Navalsaúz.
De un lado, las torres de la catedral de Ávila y sus viejas murallas imponentes. Del otro, el río Tajo que refleja los cielos tempestuosos de Toledo y guarda en sus orillas, entre juncos y cigarrales, la huella poética de Garcilaso de la Vega.
La aldea es tan pequeña que casi no figura en los mapas. Es como tantos otros pueblos de Castilla, olvidados y silenciosos, que viven hacia adentro, en sus casas de paredes blancas de cal. Don Quijote y Sancho parecen a punto de salir al encuentro del viajero en las calles empedradas y oscuras. Navalsaúz es pobre y en el invierno, el terrible invierno de Castilla, escasea la lumbre y las mujeres se envuelven, ateridas, en sus mantos negros. Todas parecen entonces viudas, viudas inconsolables y llorosas.
Entre ellas durante mucho tiempo una, Francisca. Viuda en realidad de sí misma o de un sueño. Alta y fuerte, recogidos hacia atrás los cabellos donde brillaban unas cuantas canas, Francisca Sánchez vivía pobre, triste y olvidada en Navalsaúz.
Con ella su tesoro. Dos grandes baúles llenos de papeles, cartas, borradores de poemas. El archivo de Rubén Darío que Francisca, su compañera durante quince años, guardaba religiosamente con veneración, con angustia y amor.
Madrid 1901
Francisca era una sencilla campesina española. Tenía dieciséis años y ni siquiera sabía leer o escribir cuando Rubén Darío la conoció en 1901 y la llevó consigo desde entonces. Vivió en París con él, en el ambiente bohemio y feliz de la Francia de principios del siglo veinte, cuando la primera guerra mundial todavía no encapotaba, amenazante, el despreocupado horizonte de la Bella Época.
Tuvieron un hijo que se llamó Rubén. Rubén Darío Sánchez. Después de su encuentro con el poeta Francisca aprendió a leer, escribir y hablar correctamente. Fueron los años de más brillante producción de Darío y de su mayor influencia en la vida literaria de España y América. A veces pobre, de repente rico, cuando representaba a su país como diplomático. La mayor parte del tiempo vivía escasamente, con el producto de sus crónicas periodísticas y las ediciones de sus libros. Siempre tuvo a Francisca a su lado, pero ella pocas veces pasaba al primer plano.
En París, en medio de la bohemia literaria, había para ella sitio al lado del poeta. En París hay un lugar para todo.  Pero en los altos medios diplomáticos y sociales, Francisca no debía aparecer. Seguramente ocupó siempre ese lugar escondido, silencioso, amoroso, que tuvo en la vida de Amado Nervo la rubia francesita Ana Cecilia Dailliez. Cuando Rubén Darío estaba en lo alto, Francisca Sánchez aparentemente se esfumaba y surgía de Nuevo, visible a su lado, cuando el oropel de la gloria desaparecía.
Como en aquel verano doloroso para Antonio Machado, cuando Leonor Izquierdo, la esposa casi niña, tuvo los primeros síntomas de la enfermedad que pronto la llevaría a la tumba. Francisca Sánchez la cuidó amorosamente y Rubén Darío apoyó a Machado, para que pudiera regresar con Leonor a España.
La Decadencia Trágica
La carrera de Rubén Darío en el servicio exterior de Nicaragua se cortó bruscamente. Tan bruscamente como la de José Asunción Silva en la diplomacia colombiana. Se dice que a Rubén Darío le costó caro uno de sus poemas, que no agradó a los gobernantes de Nicaragua en aquel tiempo.
La salud del poeta y su estabilidad económica comenzaron a derrumbarse al mismo tiempo y pensó en volver a América. Lo decidió a cumplir su propósito el estallido de la Primera Guerra Mundial, la misma que él había vaticinado años antes en su poema a Francia:
Los bárbaros, Francia! Los bárbaros, cara Lutecia!
Bajo áurea rotonda reposa tu gran paladín.
Del cíclope al golpe ¿qué pueden las risas de Grecia?
¿qué pueden las Gracias si Herakles agita su crin?
Del cíclope al golpe” desapareció la Revista Mundial donde colaboraba. Ya no tenía ningún cargo oficial. Su única entrada fija se la daba La Nación de Buenos Aires por sus crónicas. La situación económica empeoraba y la guerra ensombrecía el horizonte europeo.
Fue entonces cuando Alejandro Bermúdez, un amigo nicaragüense, le propuso una serie de conferencias en los Estados Unidos, Centroamérica y posiblemente América del Sur. El poeta aceptó. Pero no podía llevar consigo a Francisca ni a su hijo, que tenía para entonces doce o trece años.
Francisca se quedó en España, Rubén Darío viajó a los Estados Unidos a fines de 1914 y después de muchos meses de avatares económicos, amarguras y esperanzas truncas, murió en León de Nicaragua el 16 de febrero de 1916.
Sobre la cabeza de Francisca se desataron más desgracias. Su madre y sus hermanos fueron muriendo, uno tras otro. Al luto por Rubén Darío se sumaron otros cinco con fulminante rapidez. Francisca estaba sola y muy pobre. Algún tiempo más tarde hizo, con esfuerzos sobrehumanos, un viaje a Nicaragua con su hijo para visitar la tumba de Rubén Darío y pedir ayuda para la educación del muchacho al gobierno de Nicaragua.
Rubén Darío Sánchez se quedó en Nicaragua y Francisca regresó a Castilla. Pasaron los años. Un hombre español, sincero y bueno, se casó con ella. Tuvieron una hija. Rubén Darío Sánchez, ya hombre, ingresó a la carrera diplomática en Nicaragua, seguramente ayudado por la poderosa influencia de amigos del poeta tan importantes como los Debayle. Pero murió a los 39 o 40 años, cuando se encontraba en México, donde desempeñaba un cargo bastante gris en la embajada nicaragüense.
El Archivo de Rubén Darío
Hacia el refugio de Francisca en Navalsaúz viajaron constantemente periodistas y escritores, impulsados por la curiosidad de conocer el archivo de Darío. Francisca, si bien concedió acceso a los papeles a algunos de los visitantes, entre ellos el argentino Alberto Ghiraldo, se negaba a vender las preciosas cartas. El marido español murió, se casó la hija y enviudó a su vez. En mundo en su frenético girar se olvidaba, poco a poco, de Francisca Sánchez.
Hasta que un día emprendieron el pesado y largo viaje desde Madrid hasta Navalsaúz dos escritores: Antonio Oliver, catedrático de la Universidad de Madrid y su esposa, la novelista, poeta y académica Carmen Conde. Oliver se había propuesto crear un Seminario de Literatura Hispanoamericana y quería, a toda costa, rescatar los papeles de Rubén Darío del olvido y de una posible destrucción.
Pero Francisca Sánchez se negó a venderlos. No quería cambiar por dinero sus recuerdos, su pasado, su vida. Poco a poco la fueron convenciendo. Viaje tras viaje, Antonio Oliver y Carmen Conde le hicieron comprender a la hosca y silenciosa mujer que su tesoro no era solo suyo, sino que tenía que compartirlo con los miles de seres que en el mundo de habla hispana veneran la memoria de Darío.
Ella accedió por fin. Y lo explicaba de esta forma:
“Pues sería del destino, de la vida, la suerte o quien sabe….Milagro tal vez, mandado por Dios. Lo que no habían hecho antes tantos que me han visitado lo hizo un matrimonio, doña Carmen Conde y don Antonio Oliver. Tal vez el corazón de dos mujeres frente a frente… Y me acordé de una cosa tan grande que mi Rubén me dijo en la última carta: SI VIVO IREMOS A BUENOS AIRES… Y SI MUERO, DESDE EL OTRO MUNDO VELARÉ POR TI. Ha llegado el momento en que tal vez haya velado por mí. Y entonces, esos papeles, esas joyas, esos tesoros ¿qué será de ellos? ¿Van a ser víctimas de quién? Tal vez de los ratones. Están en un baúl.
Estos señores se fueron y a pocos días volvieron a visitarme. Y a cada vez yo veía las cosas más claras.Yo me veía enferma. Yo me veía agotadita… Me veía en esos hielos, en esas nieves. Y me decidí. ¿Para qué soy española? No lo vendo por dinero, no lo doy por dinero que se me ofrece por todas partes. Soy española y debe ser para mi patria.”
Con los papeles que cedió Francisca se formó el Seminario-Archivo Rubén Darío en la Universidad de Madrid . Murió Antonio Oliver. Pero antes había conseguido que, a cambio del tesoro de cartas, borradores y documentos de toda clase contenidos en los baúles, el gobierno español le diera a Francisca, para que viviera con su hija y sus nietas, un apartamento en la Colonia de San Francisco de Paúl en Los Carabancheles.
En Madrid, en el No. 10 de la Plaza Coimbra, vivió desde entonces Francisca, vestida siempre con el hábito del Carmen.
Por el balcón que mira al Guadarrama clavaba los ojos en la noche. Sencillamente, esperaba. Un día de octubre de 1973 escuchó una voz que la llamaba, desde el fondo del tiempo y de la sombra:
Hacia la fuente de noche y olvido
Francisca Sánchez, acompaña-mé…
Francisca Sánchez murió 57 años después de la muerte de Rubén Darío, en un hospital madrileño y a los 88 años de su vida. Fue enterrada a expensas del gobierno de Nicaragua.

Tomado de https://zonalibreradio1.wordpress.com

miércoles, 5 de octubre de 2016

Rubén Darío: Los motivos del lobo



El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbia, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertos y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: "¡Paz, hermano
lobo!" El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: "!Está bien, hermano Francisco!"
"¡Cómo! exclamó el santo. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?"

Y el gran lobo, humilde: "¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
¡Y no era por hambre, que iban a cazar!"

Francisco responde: "En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!"

"Esta bien, hermano Francisco de Asís."
"Ante el Señor, que toda ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata."
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.

Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, bajo la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: "He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios." "¡Así sea!",
Contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió la testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba a las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.

Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.

Otra vez sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto en los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio treguas a su furor jamás,
como si tuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos lo buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.

"En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote dijo, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho."

Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:

"Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.

Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad."

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: "Padre nuestro, que estás en los cielos..."

miércoles, 13 de febrero de 2013

La literatura del Modernismo

La semana que viene comenzamos con la Literatura del Modernismo y la Generación del 98. Para abrir boca, una presentación:


 
El audio te dará una visión más completa de este movimiento:



La cabeza del rabí (cuento oriental de Rubén Darío)

Ir a descargar

Margarita, está linda la mar




Biografía de Rubén Darío

 

Selección de textos modernistas
 
Comentario redactado de dos textos de Rubén Darío

Webquest sobre el Modernismo
 
Mira esta entrada anterior.

lunes, 20 de febrero de 2012

La literatura del Modernismo y de la Generación del 98

Para estudiar esta parte de la asignatura, os propongo una webquest. Debéis descargar el archivo, imprimirlo y pegarlo en el cuaderno de clase:






Para encontrar abundante material, os remito a una entrada anterior.



Apuntes sobre la literatura del Modernismo




La poesía de Juan Ramón Jiménez

Sonatina

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Poema de otoño en primavera

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El pájaro azul
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Yo soy aquel que ayer no más decía...
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Alaba los ojos negros de Julia
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Yo persigo una forma
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Augurios
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Los motivos del lobo

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Antonio Machado y el Modernismo
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Serie documental sobre personajes relevantes de la Comunidad Autónoma de Castilla y León realizada por ProduCZone para CyLTV. En esta ocasión se dedica a Antonio Machado: 1ª parte y 2ª parte.

Manuel Machado: Adelfos
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Juan Ramón Jiménez: Y yo me iré...
Ir a descargar

Juan Ramón Jiménez: Si yo por ti he creado

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Juan Ramón Jiménez: Prologuillo y Capítulo I de Platero y yo
Ir a descargar

Juan Ramón Jiménez: El pozo (Platero y yo)
Apuntes sobre la Generación del 98




Antonio Machado. Soñando caminos (I). from Andrés on Vimeo.


Antonio Machado. Soñando Caminos (II) from Andrés on Vimeo.


Los Machado y Sevilla


Antonio Machado: Selección de poemas

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Antonio Machado: La tierra de Alvargonzález
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Antonio Machado: Poema de un día
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Las ideas políticas y literarias de Antonio Machado (por Juan Manuel Infante)



Documental sobre la figura de Valle-Inclán

Imprescindibles RTVE: De tertulia con Valle-Inclán

Documental sobre la figura de Azorín


Selección de textos de Rubén Darío:
Comentarios de textos de Machado y Juan Ramón

Comentario de "Intelijencia, dame..."

Análisis de "Lo fatal" de Rubén Darío

jueves, 12 de febrero de 2009

El Modernismo literario

El Modernismo en España se caracterizará por tener un carácter más intimista y menos preocupado por la forma, que a su vez influirá en la evolución del Modernismo hispanoamericano.
Los principales poetas españoles que cultivarán el modernismo son:
• Salvador Rueda: Cantos de la vendimia (1891), En tropel (1892), Fuente de salud (1906)
• Manuel Machado: Alma (1900), Cante hondo (1912)
• Francisco Villaespesa: Flores del almendro (1898), Las horas que pasan
• Eduardo Marquina: La vendimia (1901), Églogas (1902)
• Juan Ramón Jiménez (en su primera etapa “sensitiva”): Elegías (1908), La soledad sonora (1911), Platero y yo (1914, en prosa poética).
• Valle-Inclán (en su primera etapa): Aromas de leyenda (1907), Sonatas (1902-1905, cuatro novelas modernistas)
• Antonio Machado (en sus inicios): Soledades (1903).

Empezaremos con unas breves notas introductorias.
José Carlos Carrillo tiene estos apuntes sobre el Modernismo y el 98.
Óscar Barrero publica en la revista Liceus un artículo con el título "El Modernismo literario español" en tres entregas: I, II y III.
Más ejercicios interactivos aquí.
Comprueba lo que sabes del Modernismo y la Generación del 98 con esta prueba.
Visita la página web de Rubén Darío, en la que puedes encontrar su biografía, sus obras, una fonoteca, un álbum de fotos, y otras cosas de interés.
Archivo Rubén Darío de la Universidad Complutense, documentos originales del poeta nicaragüense.

Escucha La sonatina:


Página dedicada a Rubén Darío en El poder de la palabra.




Selección de textos de Rubén Darío: