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sábado, 16 de diciembre de 2017

La palabra




Analiza morfológicamente los siguientes párrafos: 

La humanidad ha progresado mucho tecnológica, científica e industrialmente, pero el ser humano ha avanzado poco. La persona perfeccionista sufre mucho, pues no se perdona sus errores. Hay en el espíritu humano muchas fuerzas que permanecen ocultas. 


Sombra tuya he de ser. ¿Por qué no está en la cárcel ese infame. A Martirio, aunque es enamoradizase le olvidará estoEstuvo mucho tiempo detrás de ti y le gustabas . Nada lo ha podido evitar . Veo que todo es una terrible repetición.


Analiza morfológicamente las siguientes palabras derivadas:

grandote             abuelete                   gentuza                 estudiante
avispero              cristianismo              bondad                 barbudo
leonés                 buenísimo                 paupérrimo           atardecer
enrojecer            panecito                   manecilla               humareda
aterrizaje            alunizaje                   rosaleda                anteponer
antesala              acéfalo                     intocable               imperdible
desunión             deformado                disgustado             anticiclón
bicicletas            extraeremos              exalumnos             coautores
condiscípulo        compartiré                entreacto               supervivencia
submarino           someter                    reunión                   reponer
ultramarinos        transfusión               transcribimos        retroceder
intramuscular      encestar                    encaminar             encarrilaréis
imprevisible        inconmovible            indemostrable       irrebatible
irreconocible       descomponer            difícilmente           pronombres
y                             con                            aquel                        sin
infelicidad           descabellada             desaparecerá 


Analiza las siguientes palabras compuestas:

baloncesto          balompié                  hojalata                telaraña
astronauta          aguardiente              vinagre                  pelirrojo
cabizbajo            vanagloria                 mediodía              altavoz
rompecabezas     cascanueces            abrelatas               quitasol
paraguas             girasol                      sacapuntas            perdonavidas
matasellos           quitanieves               rojiblanco             agridulce
sordomudo          azulgrana                  claroscuro             albiceleste
duermevela         hazmerreír                malvivir                 vaivén
correveidile         sabelotodo 


Analiza morfológicamente las siguientes palabras. Indica y distingue los diferentes tipos de morfemas. 

TRILLIZAS
REFUGIOS
DÓCILES
CUCHARILLA
HIPERACTIVIDAD
SORDOMUDEZ
PREOCUPACIONES
ANTIRREVOLUCIONARIO
ESCRUPULOSAS
SANGRIENTOS
DESPARASITAR
DESINTOXICADO
PERNOCTARON


ATROPELLO
ABANDONOS
CONCIENZUDA
QUITANIEVES
BIOTECNLOGÍA
GORDINFLÓN
EMPAPELARÍAMOS
ENALTECIDOS
CURSILERÍA
DESLENGUADAS
CARACTERIZADOR
HERRUMBROSOS


sábado, 21 de noviembre de 2015

Alejo Carpentier: Los adjetivos son las arrugas del estilo

  http://canal-literatura.com/wp-content/uploads/2014/03/Alejandro-Cabeza-Alejo-Carpentier-50.jpg

Los adjetivos son las arrugas del estilo. Cuando se inscriben en la poesía, en la prosa, de modo natural, sin acudir al llamado de una costumbre, regresan a su universal depósito sin haber dejado mayores huellas en una página. Pero cuando se les hace volver a menudo, cuando se les confiere una importancia particular, cuando se les otorga dignidades y categorías, se hacen arrugas, arrugas que se ahondan cada vez más, hasta hacerse surcos anunciadores de decrepitud, para el estilo que los carga. Porque las ideas nunca envejecen, cuando son ideas verdaderas. Tampoco los sustantivos. Cuando el Dios del Génesis luego de poner luminarias en la haz del abismo, procede a la división de las aguas, este acto de dividir las aguas se hace imagen grandiosa mediante palabras concretas, que conservan todo su potencial poético desde que fueran pronunciadas por vez primera. Cuando Jeremías dice que ni puede el etíope mudar de piel, ni perder sus manchas el leopardo, acuña una de esas expresiones poético-proverbiales destinadas a viajar a través del tiempo, conservando la elocuencia de una idea concreta, servida por palabras concretas. Así el refrán, frase que expone una esencia de sabiduría popular de experiencia colectiva, elimina casi siempre el adjetivo de sus cláusulas: “Dime con quién andas…”, ” Tanto va el cántaro a la fuente…”, ” El muerto al hoyo…”, etc. Y es que, por instinto, quienes elaboran una materia verbal destinada a perdurar, desconfían del adjetivo, porque cada época tiene sus adjetivos perecederos, como tiene sus modas, sus faldas largas o cortas, sus chistes o leontinas.

El romanticismo, cuyos poetas amaban la desesperación -sincera o fingida- tuvo un riquísimo arsenal de adjetivos sugerentes, de cuanto fuera lúgubre, melancólico, sollozante, tormentoso, ululante, desolado, sombrío, medieval, crepuscular y funerario. Los simbolistas reunieron adjetivos evanescentes, grisáceos, aneblados, difusos, remotos, opalescentes, en tanto que los modernistas latinoamericanos los tuvieron helénicos, marmóreos, versallescos, ebúrneos, panidas, faunescos, samaritanos, pausados en sus giros, sollozantes en sus violonchelos, áureos en sus albas: de color absintio cuando de nepentes se trataba, mientras leve y aleve se mostraba el ala del leve abanico. Al principio de este siglo, cuando el ocultismo se puso de moda en París, Sar Paladán llenaba sus novelas de adjetivos que sugirieran lo mágico, lo caldeo, lo estelar y astral. Anatole France, en sus vidas de santos, usaba muy hábilmente la adjetivación de Jacobo de la Vorágine para darse “un tono de época”. Los surrealistas fueron geniales en hallar y remozar cuanto adjetivo pudiera prestarse a especulaciones poéticas sobre lo fantasmal, alucinante, misterioso, delirante, fortuito, convulsivo y onírico. En cuanto a los existencialistas de segunda mano, prefieren los purulentos e irritantes.

Así, los adjetivos se transforman, al cabo de muy poco tiempo, en el academismo de una tendencia literaria, de una generación. Tras de los inventores reales de una expresión, aparecen los que sólo captaron de ella las técnicas de matizar, colorear y sugerir: la tintorería del oficio. Y cuando hoy decimos que el estilo de tal autor de ayer nos resulta insoportable, no nos referimos al fondo, sino a los oropeles, lutos, amaneramientos y orfebrerías, de la adjetivación.

Y la verdad es que todos los grandes estilos se caracterizan por una suma parquedad en el uso del adjetivo. Y cuando se valen de él, usan los adjetivos más concretos, simples, directos, definidores de calidad, consistencia, estado, materia y ánimo, tan preferidos por quienes redactaron la Biblia, como por quien escribió el Quijote.