"El rey burgués", publicado por Rubén Darío en Azul (1888), es un cuento fundacional del Modernismo que funciona como una crítica mordaz al materialismo utilitarista de la sociedad de finales del siglo XIX.
El cuento describe a un monarca inmensamente rico que gobierna una ciudad brillante. Se le define explícitamente como un "rey burgués". Su palacio está abarrotado de lujos acumulados sin un criterio real: porcelanas chinas, estatuas griegas, abanicos japoneses, animales exóticos y una inmensa pajarera. El rey presume de ser un gran mecenas y amante de las artes, pero en realidad consume la cultura únicamente como un símbolo de estatus y entretenimiento superficial. Un buen día, sus sirvientes encuentran a un poeta hambriento y desharrapado en los jardines y lo llevan ante el trono. El poeta pronuncia un discurso apasionado defendiendo el arte libre, la inspiración idealista y la conexión con la naturaleza. Al rey, incapaz de comprender la profundidad de sus palabras, el poeta le parece una simple "rareza" o una mascota nueva. Siguiendo el consejo de sus filósofos cortesanos, decide perdonarle la vida y no dejarlo morir de hambre, pero le impone una condición degradante: debe darle vueltas al manubrio de una caja de música en el jardín a cambio de un trozo de pan diario. Cuando llega el crudo invierno, el rey y sus cortesanos se encierran a celebrar festines junto al fuego. Mientras tanto, el poeta, obligado a seguir tocando el manubrio para no congelarse, muere de frío en el jardín, ignorado por todos. Al día siguiente, es hallado muerto con una sonrisa amarga en los labios.
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