La obra que le ha dado justa fama a Rodrigo Cota "El Viejo" es el Diálogo entre el Amor y un caballero viejo (Medina del Campo, 1569), delicada poesía que contiene elementos líricos y dramáticos, más o menos rudimentarios. Ante un viejo, retraído en una huerta, seca y destruida, súbitamente aparece el Amor.
El Viejo empieza por increpar al Amor, causa de afanes, celos y pasiones en los hombres, y se felicita de estar fuera de su dominio.
El Amor responde mostrando su aspecto halagüeño: el Anciano acaba por convencerse. El Amor abraza al imprudente Viejo, como éste pide, reanimando aparentemente su cansado vivir; le comunica su fuego oculto, y así que lo ve sometido, se burla descaradamente de él y de sus muchos años. Dos elementos hay en esta composición: la controversia entre ambos personajes, que es una de las muchas disputas en que abunda la literatura medieval (disputa de Elena y María, del alma y el cuerpo, del agua y el vino, etc.), y el vencimiento del Viejo por el Amor, con el consiguiente descalabro (y en esto último es donde está propiamente lo dramático de la obra).
El pensamiento capital de este poemita, profundamente filosófico y humano, tiene algún parecido con la leyenda de Fausto y aun con el episodio del viejo Filetas de las Pastorales de Longo. Hay varias derivaciones o imitaciones del Diálogo citado: en un códice de la Biblioteca Nacional de Nápoles, que es más bien un calco del primero, e inferior a éste; Juan del Encina escribió la Égloga de Cristino y Febea, inspirándose en Rodrigo de Cota.
Cuenta la leyenda que hace muchos años había un rey que tenía tres hijas. Las tres eran bellísimas, pero la belleza de la menor, Psique, era sobrehumana. Hasta tal punto que de todas partes acudían a admirarla y comenzaban a adorarla como si de una reencarnación de la diosa Afrodita se tratase.
Os podéis figurar el ataque de celos de la diosa ante la belleza de Psique cuando se da cuenta de que los hombres estaban abandonando sus altares para ir a adorar a una simple mortal. No se le ocurre mejor idea que pedir a su hijo Eros que intercediese para poner fin a semejante ofensa.
La idea era que Eros, -al que más tarde, en la mitología romana, conoceremos como Cupido - le lanzase una de sus flechas que la haría enamorarse del hombre más horrible y ruin que pudiese existir. Pero como os podéis figurar la historia le salió fatal a Afrodita. ¿Por qué? Vayamos poco a poco y veamos primero cómo era la vida de Psique.
A Psique la belleza no le había traído ninguna felicidad. Los hombres, como ya hemos dicho antes la idolatraban de mil maneras, pero ninguno osaba pedir su mano y esto empezaba a preocupar a sus padres quienes ya habían casado a sus dos hermanas mayores.
Tal era la desesperación que intentando buscar la solución correcta no se les ocurrió mejor idea que consultar al Oráculo. Pero lejos de encontrar consuelo lo que el Oráculo predijo fue que Psique se iba a casar en la cumbre de una montaña con un monstruo venido de otro mundo.
Y como nadie osaba cuestionar las predicciones del Oráculo, Psique aceptó su destino y sus padres le llevaron hasta la cima de la montaña donde, llorando, la abandonaron. Allí se la encontró Céfiro, el dios del viento del oeste. Céfiro era el más suave de todos los vientos y se le conocía como el viento fructificador, mensajero de la primavera. Este, lejos de abandonarla a su suerte, la elevó por los aires y la depositó en un profundo valle sobre un lecho de verde césped.
Psique extenuada con tantas emociones, se quedó dormida y al despertar se encontró en medio del jardín de un maravilloso Palacio de indescriptible lujo y belleza. Cuando penetró en el interior escuchó unas voces que le guiaban y le revelaron que el palacio le pertenecía y que todos estaban allí para servirla.
El día fue transcurriendo de sorpresa en sorpresa y de maravilla en maravilla.
Al atardecer, Psique sintió una presencia a su lado: era el esposo de quien había hablado el Oráculo; ella no lo vio, pero no le pareció tan monstruoso como temía. Su voz era suave y amable y le hacía sentirse muy bien a su lado, pero jamás dejó ver su rostro y le advirtió que si le veía le perdería para siempre.
Así fueron las cosas a lo largo de las siguientes semanas. Durante el día Psique permanecía sola en Palacio y por la noche su marido se reunía con ella y eran muy felices.
Pero un día Psique sintió añoranza de su familia y rogó a su esposo que le dejará ir a visitarlos. Tras muchas súplicas, y pese a advertirle de todos los peligros que corría con su partida, su marido accedió y pidió a Céfiro que la llevase a la cumbre de la montaña donde la habían abandonado. Desde allí Psique caminó a su casa.
Todos la recibieron con gran alegría, pero sus hermanas, cuando la vieron tan feliz y abrieron los maravillosos regalos que les había traído, no pudieron contener la envidia y no pararon hasta que la pobre Psique les confesó que jamás había visto a su marido. Os podéis figurar que las maquiavélicas y envidiosas hermanas no descansaron hasta convencer a Psique de la necesidad de descubrir quién era su marido.
Su plan era el siguiente, Psique debía ocultar una lámpara y durante la noche, mientras él dormía, prenderla para así ver su rostro.
Y así lo hizo. Psique volvió al palacio en el que vivía con Eros y siguiendo el plan de sus hermanas descubrió que su marido era un joven de gran belleza. Emocionada por el descubrimiento le tembló la mano que sostenía la lámpara, dejando caer una gota de aceite hirviendo sobre su amado. Al sentirse quemado Eros -ese era el monstruo cruel que tenía por marido y al que se había referido el Oráculo- se despertó y cumpliendo su amenaza huyó en el acto para no volver jamás.
Sola y desamparada, sin la protección de Eros, Psique se dedicó a errar por el mundo perseguida por la cólera de Afrodita que seguía indignada ante tanta belleza. Ninguna divinidad la quiso acoger y finalmente cayó en manos de la diosa que la encerró en su palacio y le atormentó de todas las maneras posibles. Hasta le hizo descender a los infiernos en busca de un frasco de agua de Juvencia que debía entregar sin abrir. La curiosidad pudo nuevamente con Psique y cuando abrió el frasco quedó sumida en un profundo sueño cual bella durmiente.
Mientras tanto, Eros sufría enormemente pues era incapaz de olvidar a Psique. Cuando supo que estaba sumida en un sueño mágico no lo pudo soportar más, voló hacia ella y la despertó de un flechazo; después subió al Olimpo para rogar a Zeus que le permitiese casarse con ella aunque fuese mortal. Zeus se compadeció de Eros y otorgó la inmortalidad a Psique haciéndole comer Ambrosía. Después apaciguó la cólera de Afrodita y ordenó el casamiento de Eros y Psique, que duraría para siempre.
La boda de los dos enamorados se celebró en el Olimpo con gran regocijo.
En la mitología griega Apolo era el dios de la poesía y de la música, de la profecía y de la luz, además del dios de los arqueros, lo que indica que debía ser muy hábil con el arma. Figuraos hasta que punto era bueno que él solito logró matar a la temible serpiente Pitón que se escondía en el monte Parnaso.
Pitón era una bestia terrible que andaba buscando sangre a todas horas. Un monstruo enorme que se dedicaba a matar rebaños de ovejas, vacas, pastores e incluso a bellas ninfas que correteaban por el campo. La población estaba absolutamente desesperada, necesitaban alguien que les ayudase. Y así, suplicando a los dioses, bajó Apolo y se deshizo de la bestia con una lluvia de flechas.
El problema estuvo que tras la hazaña Apolo se volvió terriblemente orgulloso. Se pasaba la vida hablando de sí mismo y presumiendo de su valentía. Su actitud era tan presuntuosa que lo único que hacía durante todo el día era repetir las siguientes palabras:
-Soy el mejor arquero del mundo. Nadie puede conmigo.
La cosa llegó a tal punto que ya no sólo era engreído y arrogante sino que se dedicaba a burlarse y despreciar a los demás. En estas andaba cuando un día paseando por el bosque se encontró con Eros, el dios del amor, y, como no podía ser de otra forma, Apolo se metió con él y acabaron discutiendo.
Eros, pese a ser un dios, tenía la apariencia de un niño inocente, un pequeño angelito que volaba de un sitio a otro con sus alitas, su diminuto arco y sus flechas dispuestas a enamorar a todo el mundo. Cuando le vio Apolo no pudo dejar de pensar en lo ridícula que era su imagen, en especial el arco que le parecía de juguete. Así, que entre risas, le dijo:
- ¿Qué haces con esas armas? Sólo yo, el dios de los arqueros, soy digno de llevarlas.
Eros, cansado como el resto de los dioses de la nueva actitud de Apolo, le contestó:
- No te burles de los demás que algún día tus burlas te pasarán factura. Tal vez mis flechas no hayan matado a ninguna serpiente pero no dudes de que con ellas he conseguido grandes hazañas pues han logrado llevar el amor tanto a dioses como a hombres.
La conversación cada vez se iba complicando más y más, pues la actitud de Apolo no podía ser más pedante e insoportable. Así que Eros, cansado e irritado le dijo:
- Toda tu vida recordarás este momento. Juro, por tu padre Zeus, que tendrás tu merecido.
Eros cumplió su amenaza utilizando su mejor arma: el amor. Aquel mismo día Eros lanzó dos flechas: una de oro y otra de hierro. La de oro con punta de diamante servía para enamorar a la gente, en cambio, la de hierro que tenía la punta de plomo provocaba lo contrario, un rechazo absoluto al amor. Eros mandó la flecha de oro directa al corazón de Apolo y este de inmediato cayó perdidamente enamorado de Dafne, una de las ninfas más bellas de la región. Pero, ¿os imagináis dónde fue a parar la de hierro? Exacto, en Dafne.
Hasta ese momento Apolo no había sentido el menor interés por la bella ninfa, pero a partir de ese día no se la podía quitar de la cabeza. Se pasaba el día pensando en ella hasta tal punto que abandonó sus aficiones favoritas. Lo único que le apetecía era pasarse el día viendo a su bella amada.
Por contra Dafne, no quería saber nada de Apolo, es más, cada vez que le veía echaba a correr o se escondía entre los árboles porque le ponía nerviosa lo pesado que era. Pero claro, tanto esquivar, tanto esquivar… no siempre es posible y un día se encontró con él de frente. Apolo aprovechó la ocasión para pedirle que se casará con él pero la respuesta de Dafne no dejó ni un resquicio de duda:
- No me casaré jamás.
Apolo no lo entendía… pero si él era un dios… cómo le despreciaba así… ¿era poco para ella? Dafne en un alarde de sinceridad le sacó de dudas.
- No desprecio tu amor, Apolo. Lo que me ocurre es que no quiero el amor de nadie. Nací libre y quiero seguir siendo libre.
A pesar de las palabras de Dafne, Apolo, cabezota como buen enamorado, no perdió la esperanza. Es más ni se enfadó con ella. ¿Cómo se iba a enfadar con el amor de su vida? Lo único que quería era abrazarla, estar con ella, quererla… Pero cuando Dafne se dio cuenta de la obsesión que Apolo sentía hacía ella, le dio miedo y decidió huir al bosque.
Y así comenzó una carrera, o más exactamente, una persecución en toda regla en la que Apolo iba tras la ninfa. Dafne estaba muy asustada, tanto que cuando creyó que Apolo le iba alcanzar se acercó al río Peneo, que en realidad era su padre, y le pidió ayuda.
Peneo, pese a estar un poco enfadado con su hija, no entendía la obsesión de Dafne con no casarse y no darle nietos… con lo feliz que a él le harían. Cuando la vio tan desesperada decidió ayudarla.
De repente Dafne dejó de correr. Su cuerpo se volvió rígido como una piedra. Una fina costra cubrió su pecho y endureció su vientre, sus brazos se convirtieron en ramas, su cabellera se transformó en copa… Peneo pensó que la mejor manera de ayudar a su hija era despojarle de su forma humana y convertirla en árbol, en el primer laurel que hubo en la tierra.
Cuando Apolo vio lo que había pasado rompió a llorar. No podía creérselo. Ya no había ninguna posibilidad de que su amor por Dafne fuese correspondido, así que roto de dolor se acercó al árbol, se abrazó a él y decidió que ya que no iba a ser su esposa, sería su árbol sagrado, lo adoptó como símbolo y con sus ramas hizo una corona.
A partir de ese día el laurel, palabra que en griego significa Dafne, se convirtió en símbolo de gloria; de ahí que sus hojas sirvan para coronar a los generales victoriosos y honrar a los más destacados atletas y poetas.
El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de cantar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
de pacer olvidadas, escuchando.
Tú, que ganaste obrando
un nombre en todo el mundo
y un grado sin segundo,
agora estés atento sólo y dado
al ínclito gobierno del estado
albano, agora vuelto a la otra parte,
resplandeciente, armado,
representando en tierra el fiero Marte;
agora, de cuidados enojosos
y de negocios libre, por ventura
andes a caza, el monte fatigando
en ardiente ginete, que apresura
el curso tras los ciervos temerosos,
que en vano su morir van dilatando:
espera, que en tornando
a ser restitüido
al ocio ya perdido,
luego verás ejercitar mi pluma
por la infinita, innumerable suma
de tus virtudes y famosas obras,
antes que me consuma,
faltando a ti, que a todo el mundo sobras.
En tanto que’ste tiempo que adevino
viene a sacarme de la deuda un día
que se debe a tu fama y a tu gloria
(que’s deuda general, no sólo mía,
mas de cualquier ingenio peregrino
que celebra lo digno de memoria),
el árbol de victoria
que ciñe estrechamente
tu glorïosa frente
de lugar a la hiedra que se planta
debajo de tu sombra y se levanta
poco a poco, arrimada a tus loores;
y en cuanto esto se canta,
escucha tú el cantar de mis pastores.
Saliendo de las ondas encendido,
rayaba de los montes el altura
el sol, cuando Salicio, recostado
al pie d’una alta haya, en la verdura
por donde una agua clara con sonido
atravesaba el fresco y verde prado;
él, con canto acordado
al rumor que sonaba
del agua que pasaba,
se quejaba tan dulce y blandamente,
como si no estuviera de allí ausente
la que de su dolor culpa tenía,
y así como presente,
razonando con ella, le decía:
En estos días en que las tareas de Secretaría me tienen de Rodríguez me dio por ponerle voz a uno de esos libros con los que uno se lo sigue pasando bien, por mucho que lo relea. Espero que lo disfrutéis, si tenéis paciencia. Está completo.
En esta dirección encontrarás una información completa sobre el teatro de los Siglos de Oro.
Este enlace es ciertamente muy interesante. Da noticia del precio de las entradas, de las reglas de comportamiento, carteles anunciadores de las obras, etc. Página con abundante y variada información sobre el teatro barroco.
Copio aquí una entrada de El blog del profesor de lengua porque me ha parecido que os podía interesar repasar con actividades interactivas los conocimientos aprendidos acerca de esta época renacentista. Se trata de un Libro Interactivo Multimedia con los datos históricos, culturales y relativos al arte del siglo XVI.
Como complemento a lo que estamos explicando en las clases y para que tengáis una guía clara para redactar un comentario sobre un texto, os he preparado un análisis del soneto VII de Garcilaso. Me gustaría que os ayudara a comprenderlo mejor.
El Renacimiento impone una división entre lo natural y lo sobrenatural, frente a la Edad Media en que se mezclaban de una forma que Dios, la Virgen y los Santos intervenían en todo tipo de asuntos mundanos con apariciones y milagros. En esta nueva época, hay escritores mundanos, como Garcilaso de la Vega, y autores que únicamente expresan sentimientos religiosos, tanto en verso como en prosa. En el Renacimiento se desarrollan y manifiestan ampliamente estos sentimientos, fuertemente impulsados por la Contrarreforma, lucha contra la Reforma protestante, en la que se empeñaron la Iglesia y la Corona españolas.
La literatura religiosa puede manifestarse en tratados en prosa sobre materias espirituales (como Los nombres de Cristo, de Fray Luis de León), o bien en poemas cargados de espiritualidad (San Juan de la Cruz). De ambas maneras se expresaron las formas de vida religiosa, denominadas ascética y mística.
La ascética trata de perfeccionar a las personas incitándolas al cumplimiento estricto de las obligaciones cristianas e instruyéndolas en ello. Escritores importantes son fray Luis de Granada (1504-1588), San Juan de Ávila (1500-1569) y fray Juan de los Ángeles (1536-1609).
La mística trata de expresar los prodigios que algunos privilegiados experimentan en su propia alma al entrar en comunicación con Dios. Los místicos escriben preferentemente en verso (San Juan de la Cruz, aunque tampoco reniegan de la prosa (Santa Teresa de Jesús).
El Lazarillo de Tormes es de esas grandes obras de la literatura universal que ha llegado a crear un personaje intemporal, un pícaro, un personaje con una vida desafortunada, un padre fuera de la ley, una madre de vida no muy honrosa, que viene a nacer en el río Tormes, y que debe ser entregado a varios amos que le enseñen a enfrentarse al mundo y le den de comer. Estas peripecias del antihéroe Lázaro han dado mucho rendimiento para la literatura infantil por lo anecdótico de las relaciones entre un niño y unos adultos que con él se comportan de forma cruel.
Sin embargo, parece que a veces no se comprende el verdadero sentido de la obra, que, por otro lado, es bastante simple.
Si bien miramos la obra, nos daremos cuenta de que el libro es todo él una carta de respuesta que supuestamente escribe el pícaro Lázaro a un tal Vuestra Merced, quien le pregunta qué hay de cierto en esas hablillas que en la calle dicen que su esposa lo está engañando con el arcipreste de San Salvador, que es quien le ha proporcionado el trabajo de aguador y la casa paredaña de la suya.
Garcilaso de la Vega nació en Toledo en 1501 y era de familia noble. Tomó parte en varias expediciones militares en la Isla de Rodas, en Grecia, contra los turcos; y en Francia en 1522. Estuvo en Italia, en Bolonia. Fue herido por los turcos en Túnez en 1534. En Provenza se lanzó sin casco ni coraza al frente de sus soldados, fue herido en la cabeza por una piedra del enemigo y, subsiguientemente, murió pocos días después en Niza, en octubre de 1536, a los 35 años de edad.
Garcilaso se casó en 1525 con doña Elena de Zúñiga, matrimonio que no le trajo la felicidad. Un año después conoció a doña Isabel Freyre, dama portuguesa de la emperatriz de quien se enamoró perdidamente y que había de tener gran influencia en su obra poética. Es la Elisa de sus versos.
Garcilaso de la Vega es, en lo humano, la más perfecta encarnación del ideal del cortesano renacentista, tal como lo había definido Castiglione. Era hombre de gran atractivo personal, tanto por su aspecto físico como por su carácter, su inteligencia, y sus condiciones de hombre de mundo. Fue la cabal fusión del hombre de armas y de letras. Como escritor, realizó la obra poética que mayor trascendencia ha tenido en la lírica castellana. Sabía a la perfección el griego, el latín, el italiano y el francés. Hombre universal, vivió en su corta vida toda una carrera de amores, de heroísmos, de creación intensa, de acción real y de platónicos idealismos.
Las obras poéticas de Garcilaso fueron publicadas por primera vez siete años después de su muerte, formando un IV libro en la edición barcelonesa de Boscán de 1543. Sólo en 1569, después de 19 ediciones de la obra conjunta de los dos introductores del italianismo, se publicó en Salamanca la primera edición aparte de la obra poética de Garcilaso. En 1574, el famoso catedrático de Retórica de Salamanca, Francisco Sánchez, el Brocense, publicó su primera edición anotada de las obras del toledano, convertido en un clásico indiscutible. En 1580 publica Fernado de Herrera una nueva edición comentada. En 1622, el erudito toledano Tomás Tamayo de Vargas hace imprimir otra nueva edición comentada de Garcilaso. Finalmente, en 1765, el diplomático aragonés José Nicolás de Azara publica su edición comentada de las obras del poeta de Toledo. Tomás Navarro Tomás editó en 1911 las obras de Garcilaso, basándose en la de Herrera de 1580.
Ahora que ya estáis preparando el tema de la Literatura de los Siglos de Oro, Renacimiento y Barroco, he elaborado estos apuntes y este vídeo con los datos fundamentales para entender la época y la producción literaria de los autores del Renacimiento.
Puedes escuchar estos monólogos áureos realizados por los alumnos de Virginia: Garcilaso, Fray Luis, Cervantes, Lope, Quevedo y Góngora. Son ellos los que hablan de su vida y de su obra.
Vídeo del primer diálogo entre Diana y Teodoro en El Perro del hortelano
Tirso de Molina y el teatro breve. El teatro de Calderón de la Barca. Consulta la página de Calderón. El teatro de finales del siglo XVII. Pulsa aquí para ver un vídeo sobre las circunstancias en las que se representaba en los corrales de comedias. José Mª González Serna nos presta esta presentación tan escueta y tan clara sobre el teatro renacentista y barroco: