Este poema es una llamada de atención contra la hipocresía masculina de principios del siglo XX. Storni denuncia la exigencia de pureza absoluta (expresada en los colores blanco, alba y nácar) que los hombres imponen a las mujeres, mientras ellos se entregan libremente al exceso y al placer.
El uso de metáforas como "corola cerrada" o "azucena casta" hablan de la cosificación de la mujer, a quien se le pide ser un objeto de perfección virginal, intocable incluso por la luz de la luna.
Alfonsina retrata al hombre como un ser entregado a Baco (el vino y el exceso) y al "engaño", con los labios manchados de mieles y frutos. Frente a la blancura que él exige, su realidad es el rojo de la pasión y el negro del pecado.
La poeta no se queda en la queja, sino que lanza un reto. Utiliza imperativos ("huye", "vete", "límpiate") para exigirle al hombre una purificación ascética a través del contacto con la naturaleza. Le ordena vivir de raíces amargas y dormir sobre escarcha para recuperar el alma que perdió en las "alcobas".
Estamos ante un grito de emancipación intelectual. Alfonsina Storni utiliza una estructura de versos cortos y rimas asonantes para dar un ritmo tajante, casi de bofetada. Su valor reside en cuestionar el privilegio masculino y establecer que, mientras el hombre no se aplique a sí mismo el mismo estándar de integridad moral que exige, no tiene autoridad para pretender la "blancura" de la mujer.
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