miércoles, 7 de abril de 2010

Luis Cernuda: El piano (Ocnos)

Poeta español nacido en Sevilla en 1902.
Perteneció a una familia acomodada donde respiró una atmósfera de estricta disciplina, reflejada en su carácter tímido, introvertido y amante de la soledad.
Estudió Derecho y Literatura Española. Lírico exquisito, fue encasillado entre los representantes de la «Poesía pura».
En 1925 comenzó a frecuentar el ambiente literario, haciendo amistad con los más destacados poetas de su generación: Alberti, Aleixandre, Prados, y García Lorca, entre otros.
Exiliado después de la guerra civil, fue profesor de Literatura en Glasgow, Cambridge, Londres, Estados Unidos y México, donde falleció en 1963.

Datos tomados de http://amediavoz.com/cernuda.htm



Luis Cernuda era vecino del compositor Joaquín Turina en la calle Acetres de Sevilla. En estas líneas habla precisamente de los momentos en los que lo escuchaba tocar el piano, de cómo las notas impregnaban el ambiente y lo llenaban todo; y nos habla de sus sentimientos de respeto y admiración por el artista. La descripción de esos momentos ayuda al lector a crear las imágenes con gran viveza.

Pared frontera de tu casa vivía la familia de aquel pianista..., quien siempre ausente por tierras lejanas, en ciudades a cuyos nombres tu imaginación ponía un halo mágico, alguna vez regresaba por unas semanas a su país y a los suyos. Aunque no aprendieras su vuelta por haberle visto cruzar la calle, con su aire vagamente extranjero y demasiado artista, el piano al anochecer te lo decía.


Por los corredores ibas hacia la habitación a través de cuya pared él estudiaba, y allí solo y a oscuras, profundamente atraído mas sin saber por qué, escuchabas aquellas frases lánguidas, de tan penetrante melancolía, que llamaban y hablaban a tu alma infantil, evocándole un pasado y un futuro igualmente desconocidos.


Años después otras veces oíste los mismos sones, reconociéndolos y adscribiéndolos ya a tal músico de ti amado, pero aún te parecía subsistir en ellos, bajo el renombre de su autor, la vastedad, la expectación de una latente fuerza elemental que aguarda un gesto divino, el cual, dándole forma, ha de hacerla brotar bajo la luz.


El niño no atiende a los nombres sino a los actos, y en éstos al poder que los determina. Lo que en la sombra solitaria de una habitación te llamaba desde el muro, y te dejaba anhelante y nostálgico cuando el piano callaba, era la música fundamental, anterior y superior a quienes la descubren e interpretan, como la fuente de quien el río y aun el mar sólo son formas tangibles y limitadas.

2 comentarios:

Eloísa dijo...


Hace unos días me llegó por correo electrónico una petición de cierta organización para firmar por la conservación de la casa de Cernuda, que está en bastante mal estado. El que se deteriore o pierda nuestro patrimonio cultural me apena sobremanera.

No pude evitar evocar este texto del piano de Ocnos, en el que Cernuda consigue transportarnos a la emoción del niño que fue ante una música exquisita, y furtiva, filtrada a través de la pared. Lo que me llama mucho la atención es esta frase: “Lo que en la sombra solitaria de una habitación te llamaba desde el muro … era la música fundamental, anterior y superior a quienes la descubren e interpretan”, porque casi la misma idea está en Fray Luis de León, en la Oda a Salinas (asimismo en el blog) que también es bellísima y no me canso nunca de escuchar. Es la idea de una Música sublime, superior, sobrenatural, divina, que conecta directamente con nuestra alma.

Manuel López dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Eloísa.
La literatura es un continuum. Cuando Cernuda dice eso de la música aquí no puede uno dejar de evocar esa oda a Salinas de Fray Luis, esa música que es matemática y espíritu a la vez.
Un saludo.