jueves, 27 de agosto de 2009

Platero y yo ilustrado por Pachi e Idígoras


En estos días de verano en el Rincón de la Victoria (Málaga), he disfrutado asomándome a la casa fuerte de Bezmiliana para ver una exposición de las ilustraciones que estos dibujantes han hecho sobre el libro de Juan Ramón Jiménez, con motivo del cincuentenario de su muerte. Se trata de los dibujos que han realizado de todos y cada uno de los capítulos de Platero y yo, ... "El pozo", "El niño tonto", "Aguedilla", "Darbón" vuelven a ser protagonistas en las páginas de esta edición, tan magníficamente ilustrada. El grupo editorial 33, con el patrocinio de la Fundación Málaga y Cajamar, la ha hecho posible.

lunes, 3 de agosto de 2009

Novedades editoriales de cuentos


Ana Rodríguez Fischer ha publicado este fin de semana en el suplemento cultural Babelia, en El País un reportaje muy ilustrativo de los libros de cuentos que en estos momentos llenan las estanterías de las librerías españolas. Ana R. traza un panorama que va de los clásicos modernos a las reescrituras para llegar a los escritores contemporáneos, y sin olvidar a las escritoras de este rico subgénero narrativo.
Aprovéchenlo y disfruten de estos relatos en los días de descanso veraniego.

sábado, 4 de julio de 2009

Elogio de la novela

Me gustaría compartir estas reflexiones de Muñoz Molina acerca de la novela, desde la creación y desde el placer de la lectura.

Una novela es la libertad. El acto físico de abrirla es tan simple, tan rotundo, tan cargado de sentidos posibles, como el de abrir una puerta, una puerta de salida y una puerta de entrada. Hasta la tapa del libro parece una puerta que se abre. Salimos de algo y entramos en algo, cruzamos un umbral que se despliega entre nuestras manos, y al principio, como en algunos lugares misteriosos, nos encontramos en la sombra, y sólo gradualmente se acostumbran los ojos a la nueva claridad que irradia del interior del libro. En la casa de veraneo de sus abuelos Proust se encerraba a leer en un retrete con una pequeña ventana desde la que veía el campanario del pueblo. Juan Carlos Onetti leía de niño encerrado en un armario, a la luz de una linterna, acompañado por un gato al que acariciaba tan silenciosamente como pasaba las páginas, y decía que la causa de su mala vista era haber gastado los ojos leyendo en aquel refugio. Muchas tardes de verano yo he leído en un granero lleno de trigo recién cosechado, y en el tacto del papel había residuos del polvo de la trilla.


Este es un fragmento del artículo que se publica este fin de semana en el suplemento sabatino de El País Babelia con el título La libertad de la novela.
Que lo disfrutéis.

lunes, 29 de junio de 2009

Prometer el oro y el moro


Llegó el verano, el calor intimida a las nubes, los días se hacen largos, las noches agradables para pasear y conversar…y se nos van acabando los bolígrafos, los borradores están gastados, los libros ya han perdido su olor característico. Mires por donde mires la gente esboza una sonrisa; es la alegría que nos regala el sol, este sol que se derrama en esta tierra de María Santísima como plomo fundido.
El verano promete...promete el oro y el moro. Por eso me gustaría explicaros el origen de esta expresión tan española.

Esta frase se utiliza para ponderar ciertas ofertas ilusorias y también el exagerado aprecio de lo que se espera o se posee.

Apunta José María Iribarren que quizá la expresión provenga de la de querer el oro y el moro, inspirada en un acontecimiento sucedido en Jerez el año 1426. Para reforzar esta hipótesis, el estudioso echa mano de un relato publicado por Javier Piñero en las páginas de Alrededor del mundo el 15 de marzo de 1900.

Dice el cuento de Piñero que un grupo de paladines jerezanos, sobriamente armados, vencieron a una partida de caballeros musulmanes, tomando presos a cuarenta de ellos. Entre los cautivos había dos personajes de postín, el alcalde de Ronda, Abdalá, y el sobrino de éste, Hamet. Pagando una elevada cantidad, el primero logró la libertad, pero no sucedió lo mismo con su joven pariente. Ni siquiera la intercesión del rey don Juan II convenció a los captores, deseosos de extraer un mayor beneficio de su hazaña.

Con cierta gracia, la esposa del caballero Fernández de Valdespino argumentó sus razones para no liberar a Hamet. A su entender, los grandes gastos invertidos en el mantenimiento del secuestrado precisaban un rescate superior a las cien piezas de oro.

Por otro lado, los hidalgos comprometidos en esta operación discutían sobre cómo distribuir la recompensa. Al fin, el monarca hizo que Hamet fuera llevado a su presencia. Ello, claro está, disgustó a los caballeros de nuestra historia, quienes acaso hicieron circular el rumor de que Juan II quería el oro y el moro.

Todo esto podría ser cierto, pero no es menos cierto que el modismo podría ser, tan sólo, una ingeniosa fórmula de repetición, al estilo de en ares y mares; a troche y moche; orondo y morondo; sin chistar ni mistar, o de la Ceca a la Meca.

Feliz descanso

Información tomada de

GUZMÁN URRERO PEÑA